Si bien es cierto que nadie muere de amor; pareciera que si.
A veces es bueno llorar lo que se murió, la pena parece matar lentamente y cada vez mas fuerte. Parece que el dolor y la tristeza se unieran de manera ascendente pero necesaria.
Uno no debe morir de amor, despacio y en silencio como dice Bosé, pero ¿quienes somos para predicarlo?
Estar enamorados y no ser correspondidos en ocasiones carcome, mas si de repente pasa que alguien que ha amado mucho ha decidido dar paso a la ilusión basado en un compromiso de amor que le brinda su pareja y que a su vez le da pie a soñar, a planear pues sus palabras le impulsan a ello... y de repente esa persona que parece haberle correspondido siempre de manera celestial, paro así mismo, casi mágicamente, desaparece.
Si, a veces muere y su pareja se queda sufriendo su ausencia y quizas, sin querer recordando esos momentos que los hacían sonreír o enternecer... y a veces también muere pero su amor, dejando solo silencio, vacío y soledad sin explicarle al otro que ocurrió, remitiéndolo al olvido con expresiones de desprecio, ignorandoles cada día mas matando así el amor del otro.
Ese que va muriendo literalmenre puede retorcerse gráficamente por el dolor que causa la situación, y si, parece una muerte lenta. Los ataques llegan solos en el silencio y la soledad, al interior de un cuarto en el que no provocan ni encenderse las luces.
Si, ya se, afuera está la vida, la decisión está en uno, pero quizás sea necesario pasar la pena, llorar por uno mismo quien es el que muere de a poco... de manera que uno mismo sufre su duelo y puede darse la oportunidad de resucitar al otro día o con los muchos días venideros, los necesarios para restaurar el equilibrio del volver a comenzar.
Es necesario morir para transformarse, para renacer como el fenix.
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