Mientras caían aquellas gotas sobre las rocas, divisandolas desde la ventana así como se empañaba el vidrio podía dibujar con sus dedos un pequeño corazón cual remanente de anhelos furtivos sin pensar realmente en nada, sin pensar en nadie.
Tarde fría, escenario perfecto para sentir. Dar vuelta a la cocina y servir una taza de chocolate caliente, disfrutar cada instante mientras el frío del clima se mezcla con el calor de aquel abrigo de lana y las medias de colores que se usan en la intimidad de la soledad.
Volver a la ventana para imaginar un sin fin de fantasías, para observar aquel charco en el asfalto, detallar como queda el rocío sobre las plantas, ver a los pajarillos acurrucados en sus patitas sobre cualquier lugar que inspire seguridad.
Sonreir para si mismo, saber que pensamos en tantas cosas sin darnos cuenta que lo estamos haciendo, sin tratar de pensar en nada, sin enfocarnos en nada especifico. Esos pequeños momentos que nos merecemos, instantes que debemos regalarnos más de lo debido.
Tarde fría, escenario perfecto para sentir. Dar vuelta a la cocina y servir una taza de chocolate caliente, disfrutar cada instante mientras el frío del clima se mezcla con el calor de aquel abrigo de lana y las medias de colores que se usan en la intimidad de la soledad.
Volver a la ventana para imaginar un sin fin de fantasías, para observar aquel charco en el asfalto, detallar como queda el rocío sobre las plantas, ver a los pajarillos acurrucados en sus patitas sobre cualquier lugar que inspire seguridad.
Sonreir para si mismo, saber que pensamos en tantas cosas sin darnos cuenta que lo estamos haciendo, sin tratar de pensar en nada, sin enfocarnos en nada especifico. Esos pequeños momentos que nos merecemos, instantes que debemos regalarnos más de lo debido.
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