No se cuantas veces me senté frente al teclado... Frente a la pantalla de este blog, frente a una hoja de papel, esta última con un lápiz tambaleante entre mis dedos, cuando cierta sensación de calor quemaba más y más mi ser. Parecía desespero, múltiples emociones en un mi cuerpo, al mismo tiempo. Cuando podía atreverme a escribir... Cuando intentaba dejar fluir de alguna manera mis pensamientos, mis sentimientos, el dolor carcomía mi vientre.
Algo pasó en mi. Me quedé en blanco. Y no por poco tiempo. Algo mató la persona que creía ser, y el reflejo de lo que quedó se da cuenta tres años después de que el suceso fue impactante.
Muchas veces creí haber madurado en varios aspectos de mi vida, sentí seguridad, iba por un camino... Pero solo hasta estar frente a mi laptop con la intención de escribir y quedando mi mente en blanco supe que era totalmente nuevo lo que estaba viviendo. No quería aceptar el dolor, era mucho! Casi como el duelo real por la muerte de un ser amado y es que casi fue así... Murió para mi vida, se fue sin decir una palabra dejando mi corazón lleno de ilusiones, luego de falsas esperanzas, dudas y posterior culpa pues a diferencia de un sepulcro para despedir y descansar con el tiempo y aceptación, parecía ser yo quien reposaba en algún cajón, sin adios y sin palabras. Sin explicación alguna, sin terminar nada... Solo así, de repente, como destello que se apaga y se lleva todo lo que haya vivido haciendo de cuenta que solo fue un sueño y jamás pasó nada.
Descubrí que era una niña, una muy cobarde! Que pasó por la incertidumbre, por la culpa y la depresión... Tal vez con la excusa de no saber donde depositó su amor, preguntandose por qué miles de veces y esperando... Esperando y esperando.
Esperando cualquier palabra; que por no soportar lo que sentía y guardar su luto anhelando ver de nuevo el amanecer pretendió cubrir su corazón roto y sacarlo a la luz victorioso, y aún mas lleno de vida, y no... Así no es.
Sabía que no estaba bien, pero era el (peor) momento para ser rebelde, para mostrar al mundo y en especial a mi misma que no sufría, que todo era pasajero y por temor a ese dolor, por no aceptarlo abrí una puerta que no debía. Hoy no puedo renegar de ella, pero si aceptar que no era lo indicado.
Quise escribir mucho, muchas veces, y creo que lo mas doloroso de ese tiempo es aceptar que ese suceso se llevó todo de mi, mi risa verdadera, no la fingida que se quedo ahí, que solo vivía el momento y de tanto disfrazarlo forjó una realidad, una de la que jamás podría escapar y que me haría recordar día a día que una vez fui feliz, cual niña credula, que añoraba algo parecido a lo que vivió alguna vez y que hizo su mundo sombrío por perder no solo a quien de verdad amó sino a quien le hizo sentir lo mismo, que realmente fue amada.
Parece absurdo, pues quien ama no lastima, se bien que a veces por el mismo amor somos cobardes y por evitar lastimar solo callamos y partimos... Siendo peores ocasionando un daño mayor.
Dicen que no se extraña a quien se fue, sino a lo que era, lo que hacía. Se extraña lo vivido. Desde la psicología, se extraña con egoísmo, pues anhelamos lo que sentimos en ese momento... ¿Pero si se puede ver su rostro sonriente, oir su risa, recordando como envolvían con calma unos bellos abrazos, palabras que no se esperan y actos que despertaban total ternura, al cerrar los ojos? Tal vez si.
Se extraña lo vivido, ¿quien no? No temo hoy admitir extrañar lo feliz que fui. Lo que sentía, lo que vivía. Sentí que por primera vez no era yo quien hacía sentir especial a alguien... Sentí bonito haber sido alguien especial y que si podía ser merecedora de algo tan lindo y tierno como lo que viví.
Muchas, fueron muchas las veces en las que intenté escribir pero tenía pánico de hacerlo. Aún hoy siento que no se escribir, que no se como se verá, que no soy la mujer mas leída, mas estudiada, con el mas rico léxico ni la mayor fluidez en mis hilos temáticos... Sumando la falta de inspiración o el sin sabor que me llegó, ese casi colmado de amargura que no me dejaba ver el amarillo de mis flores favoritas o al pajarillo volar al árbol que quería abrazar.
Realmente no quería nada. Aun hoy siento que no quiero nada, solo desaparecer.
Admito que soporto el día y me rescatan de la miseria en la que parte de mi panorama aun permanece, la sonrisa de dos seres que me impulsan a seguir pues no tienen culpa alguna de nada. Solo desaparecer.
Mi vida cambió, cambió por completo y se que nadie nos hace felices, lo somos por decisión pero no es secreto que quienes nos rodean tienen mucho que ver en ello... Y si bien mi vida se colmó de gris, mi circulo supo mostrarme todas sus tonalidades y que las lágrimas que no quería derramar para cerrar un ciclo, tuve que guardarlas hasta que mi corazón fuera capaz de conectarse con mis sentidos y mi cuerpo entero, capaz de no sentír miedo a escribir un verso.
Traté de camuflar mis lágrimas y los rios que fluyeron jamás fueron por lo que debí en un momento sino por consecuencia de haber querido tapar el sol con un dedo, o vulgarmente hablando, sacando un clavo con otro... Y sin poder echarle la culpa a quienes me acercaban a las personas que traje a mi vida, eso no sería inmaduro sino ridículo.
Mucho cambió, mucho pasó.
Pensar en el ocaso de los días pasados cargados de tristeza me dejan ver lo debil que fui ante el mundo pero me hacen sentir tranquila al reconocer que no soy de piedra, que permití por un instante dejar salir lo que me consumía para poder sanar.
Solo Dios sabe como estando en clase, frente a muchos estudiantes de repente quedaba en blanco y tenían que excusarme pues lagrimas venían y eran incontrolables. El aparentar que yo era mas tranquilidad que persona era la farsa mas grande que llevaba en escena, sin maquillaje ni máscara... ¡Horrible hipocresía! Las preguntas de algunos no tan cercanos que podían notar que la tristeza me embargaba pese a mi negación, solo al darme la espalda debia ir a mi refugio, el baño de aquel lugar en el que el dolor me doblaba.
Recordar hoy como ansiaba la noche para acurrucarme en una cama e intentar dormir, y que mi Rommie me despertara para abrazarme y consolarme fue la gota que derramó el vaso! Me di cuenta que estaba mal, mientras yo sufria otros reían y no era justo pues parecía que yo habia soñado todo lo que recordaba, que nada fue real pues solo yo agonizaba por dentro y la vida seguía y realmente, como si nunca hubiese pasado nada.
Creo que aun no estoy preparada para toparme con el fantasma de mi vida, pero definitivamente si estoy lista para llorar en cuanto le vea, en dejar fluir mis palabras, dejar salir a la persona que se escondió y hasta se perdió por cobardia.
Tres años han pasado, y aún duele saber que me alejé de mis lineas... A parte de ser castigada cada vez que escribía, por una persona acomplejada o por una sociedad machista, pero mas porque mi verdadero yo se aterraba de ver la amargura que fluía.
Nada me ha dolido mas en la vida que verme sentada dando la espalda a mi deseo de poesía y es que no solo al amor se canta, sino también a la tristeza y a la desdicha, al desamor... Y eso, hoy me recuerda lo mucho que falta en el transcurrir por esta vida.
Gracias querido tiempo por enseñarme lo que significa traicionar el alma dejando de ser yo por cobardia, prometo serle fiel al alba con los escritos de mis días sean de amor o de rabia, pero siendo letras que rescaten vidas.
Algo pasó en mi. Me quedé en blanco. Y no por poco tiempo. Algo mató la persona que creía ser, y el reflejo de lo que quedó se da cuenta tres años después de que el suceso fue impactante.
Muchas veces creí haber madurado en varios aspectos de mi vida, sentí seguridad, iba por un camino... Pero solo hasta estar frente a mi laptop con la intención de escribir y quedando mi mente en blanco supe que era totalmente nuevo lo que estaba viviendo. No quería aceptar el dolor, era mucho! Casi como el duelo real por la muerte de un ser amado y es que casi fue así... Murió para mi vida, se fue sin decir una palabra dejando mi corazón lleno de ilusiones, luego de falsas esperanzas, dudas y posterior culpa pues a diferencia de un sepulcro para despedir y descansar con el tiempo y aceptación, parecía ser yo quien reposaba en algún cajón, sin adios y sin palabras. Sin explicación alguna, sin terminar nada... Solo así, de repente, como destello que se apaga y se lleva todo lo que haya vivido haciendo de cuenta que solo fue un sueño y jamás pasó nada.
Descubrí que era una niña, una muy cobarde! Que pasó por la incertidumbre, por la culpa y la depresión... Tal vez con la excusa de no saber donde depositó su amor, preguntandose por qué miles de veces y esperando... Esperando y esperando.
Esperando cualquier palabra; que por no soportar lo que sentía y guardar su luto anhelando ver de nuevo el amanecer pretendió cubrir su corazón roto y sacarlo a la luz victorioso, y aún mas lleno de vida, y no... Así no es.
Sabía que no estaba bien, pero era el (peor) momento para ser rebelde, para mostrar al mundo y en especial a mi misma que no sufría, que todo era pasajero y por temor a ese dolor, por no aceptarlo abrí una puerta que no debía. Hoy no puedo renegar de ella, pero si aceptar que no era lo indicado.
Quise escribir mucho, muchas veces, y creo que lo mas doloroso de ese tiempo es aceptar que ese suceso se llevó todo de mi, mi risa verdadera, no la fingida que se quedo ahí, que solo vivía el momento y de tanto disfrazarlo forjó una realidad, una de la que jamás podría escapar y que me haría recordar día a día que una vez fui feliz, cual niña credula, que añoraba algo parecido a lo que vivió alguna vez y que hizo su mundo sombrío por perder no solo a quien de verdad amó sino a quien le hizo sentir lo mismo, que realmente fue amada.
Parece absurdo, pues quien ama no lastima, se bien que a veces por el mismo amor somos cobardes y por evitar lastimar solo callamos y partimos... Siendo peores ocasionando un daño mayor.
Dicen que no se extraña a quien se fue, sino a lo que era, lo que hacía. Se extraña lo vivido. Desde la psicología, se extraña con egoísmo, pues anhelamos lo que sentimos en ese momento... ¿Pero si se puede ver su rostro sonriente, oir su risa, recordando como envolvían con calma unos bellos abrazos, palabras que no se esperan y actos que despertaban total ternura, al cerrar los ojos? Tal vez si.
Se extraña lo vivido, ¿quien no? No temo hoy admitir extrañar lo feliz que fui. Lo que sentía, lo que vivía. Sentí que por primera vez no era yo quien hacía sentir especial a alguien... Sentí bonito haber sido alguien especial y que si podía ser merecedora de algo tan lindo y tierno como lo que viví.
Muchas, fueron muchas las veces en las que intenté escribir pero tenía pánico de hacerlo. Aún hoy siento que no se escribir, que no se como se verá, que no soy la mujer mas leída, mas estudiada, con el mas rico léxico ni la mayor fluidez en mis hilos temáticos... Sumando la falta de inspiración o el sin sabor que me llegó, ese casi colmado de amargura que no me dejaba ver el amarillo de mis flores favoritas o al pajarillo volar al árbol que quería abrazar.
Realmente no quería nada. Aun hoy siento que no quiero nada, solo desaparecer.
Admito que soporto el día y me rescatan de la miseria en la que parte de mi panorama aun permanece, la sonrisa de dos seres que me impulsan a seguir pues no tienen culpa alguna de nada. Solo desaparecer.
Mi vida cambió, cambió por completo y se que nadie nos hace felices, lo somos por decisión pero no es secreto que quienes nos rodean tienen mucho que ver en ello... Y si bien mi vida se colmó de gris, mi circulo supo mostrarme todas sus tonalidades y que las lágrimas que no quería derramar para cerrar un ciclo, tuve que guardarlas hasta que mi corazón fuera capaz de conectarse con mis sentidos y mi cuerpo entero, capaz de no sentír miedo a escribir un verso.
Traté de camuflar mis lágrimas y los rios que fluyeron jamás fueron por lo que debí en un momento sino por consecuencia de haber querido tapar el sol con un dedo, o vulgarmente hablando, sacando un clavo con otro... Y sin poder echarle la culpa a quienes me acercaban a las personas que traje a mi vida, eso no sería inmaduro sino ridículo.
Mucho cambió, mucho pasó.
Pensar en el ocaso de los días pasados cargados de tristeza me dejan ver lo debil que fui ante el mundo pero me hacen sentir tranquila al reconocer que no soy de piedra, que permití por un instante dejar salir lo que me consumía para poder sanar.
Solo Dios sabe como estando en clase, frente a muchos estudiantes de repente quedaba en blanco y tenían que excusarme pues lagrimas venían y eran incontrolables. El aparentar que yo era mas tranquilidad que persona era la farsa mas grande que llevaba en escena, sin maquillaje ni máscara... ¡Horrible hipocresía! Las preguntas de algunos no tan cercanos que podían notar que la tristeza me embargaba pese a mi negación, solo al darme la espalda debia ir a mi refugio, el baño de aquel lugar en el que el dolor me doblaba.
Recordar hoy como ansiaba la noche para acurrucarme en una cama e intentar dormir, y que mi Rommie me despertara para abrazarme y consolarme fue la gota que derramó el vaso! Me di cuenta que estaba mal, mientras yo sufria otros reían y no era justo pues parecía que yo habia soñado todo lo que recordaba, que nada fue real pues solo yo agonizaba por dentro y la vida seguía y realmente, como si nunca hubiese pasado nada.
Creo que aun no estoy preparada para toparme con el fantasma de mi vida, pero definitivamente si estoy lista para llorar en cuanto le vea, en dejar fluir mis palabras, dejar salir a la persona que se escondió y hasta se perdió por cobardia.
Tres años han pasado, y aún duele saber que me alejé de mis lineas... A parte de ser castigada cada vez que escribía, por una persona acomplejada o por una sociedad machista, pero mas porque mi verdadero yo se aterraba de ver la amargura que fluía.
Nada me ha dolido mas en la vida que verme sentada dando la espalda a mi deseo de poesía y es que no solo al amor se canta, sino también a la tristeza y a la desdicha, al desamor... Y eso, hoy me recuerda lo mucho que falta en el transcurrir por esta vida.
Gracias querido tiempo por enseñarme lo que significa traicionar el alma dejando de ser yo por cobardia, prometo serle fiel al alba con los escritos de mis días sean de amor o de rabia, pero siendo letras que rescaten vidas.
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